Homenaje al profesor Gaspar Morocho Gayo
Universidad de León
Puente de Órbigo, situado en la margen izquierda del río Órbigo, se asienta sobre el Camino de Santiago, entre las ciudad des de León y Astorga; su nombre va unido a la orden militar del Hospital y al ”Passo Honroso“ de Suero de Quiñones.
En torno al paso del río Órbigo se construyeron en época medieval, además del puente, un hospital y una iglesia, ambos bajo la titularidad de San Juan. Hospital e iglesia se asentaron al otro lado del cauce fluvial, es decir, en la margen derecha, y dieron lugar a otra localidad, homónima, Hospital de Órbigo. Con Puente y Hospital, flanqueando el puente, se buscaba salvar los problemas que la red fluvial suponía al cruce de peregrinos. La iglesia de San Juan terminó siendo la parroquial de Hospital de Órbigo, mientras que Puente se hallaba sub aula sanctae Mariae.
1. Los primeros siglos de la Encomienda Hospitalaria.
Al igual que sucede con el territorio castellanoleonés, los hospitalarios se asentaron en la zona del Órbigo en la primera mitad del siglo XII; en 1130 recibieron, por donación particular, el monasterio y heredad de Santa Marina, situados entre el propio río y el lugar de Requejo de la Vega, próximo a La Bañeza; no lejos, adquirieron también propiedades en La Nora y Valdefuentes del Páramo. El asentamiento hospitalario de León se consolidó con un hospital en el arrabal leonés de Santa Ana.
Puente de Órbigo era, según Barquero Goñi, la bailía hospitalaria más importante al oeste de León. La primera noticia acerca del asentamiento de los freires del Hospital en dicho lugar es de 1184. En esos momentos, por iniciativa particular, se había construido la iglesia de San Juan. Su promotora, doña Mencía, la había entregado a la orden militar, cuyo prior general, Pedro de Areis, daba al obispo de Astorga y a título de donación, la tercera parte de los diezmos de pan, vino y legumbres procedentes de la iglesia sanjuanista, a excepción de aquellos procedentes de las tierras directamente explotadas por los freires; la donación hospitalaria se explicaba por la relación diocesana. Durante muchos años la iglesia de San Juan y, en general, las iglesias que la orden militar tenía en la diócesis de Astorga, serían causa constate de enfrentamientos entre el obispo diocesano y el prior hospitalario; la tercia de los diezmos sería el principal escollo a solventar, al igual que sucedía en otras diócesis.
Además de las rentas decimales, la conflictividad entre la diócesis y los hospitalarios pasaba, aguas arriba del cauce del Órbigo, por los intereses asturicenses en la villa de Santa Marina del Rey, entregada a dicha iglesia por Fernando II en 1174, y otros lugares, como Moral de Órbigo.
Bajo la jurisdicción del prior castellanoleones o leonés únicamente, según las épocas, la encomienda de Puente de Órbigo era gobernada por un comendador, que, en algunos momentos, era teniente el lugar del gran comendador en tierra de León, es decir, lugarteniente del prior de Castilla y León, tras la unificación política de 1230, momento a partir del cual el prior regional nombraba un lugar-teniente para León y otro para Castilla. Es el caso de Diego Flórez, entre los años 1284-1288; como lugartenientes leoneses actuaron también los comendadores de León y Benavente.
Desconocemos la jurisdicción de la encomienda de Puente de Órbigo; en la documentación de los años centrales del siglo XIII aparece siempre tenente honor de Vilaverde los freires del Ospital, registrándose seguidamente el comendador de Puente de Órbigo y su merino; de forma más esporádica aparece igualmente con la honor de Villoria. De hecho, en 1257 Alfonso X exime a la orden del Hospital de la presencia de merino en Puente de Órbigo, honor a Villaverde y Villoria. La primera de ellas aparece como honor por primera vez en 1173, en manos de Gutier Roderici, tenente del pont de Villaverde; posteriormente la tenencia está en manos de Iohanes Fernández. La documentación del cisterciense monetario de Carrizo recoge que desde 1240 está en manos de los hospitalarios de Puente de Órbigo. En ningún caso se habla de su ubicación concreta, pero siempre que se alude a dicha tenencia es en registros referentes a localidades entre Puente de Órbigo y Benavides: San Feliz de Órbigo, Villamar, Moral de Órbigo, Villavente o La Milla, localizadas a un lado y otro del río Órbigo; ello nos lleva a plantear su localización en esta zona, que puede corroborarse también por un documento asturicense de 1202, sólo conocido en extracto, en que Simón Sánchez y su mujer venden una heredad en Moral, territorio de Valverde, entendiendo el error del copista que confunde Valverde con Villaverde; las propiedades que la iglesia de Astorga tuvo en Moral de Órbigo procedían precisamente de Simón Sánchez. En relación con esta honor de Villaverde, y su capacidad de recaudar y administrar tributos regios, estaría el privilegio de Alfonso IX, confirmado por Sancho IV, de que el comendador de Puente de Órbigo no entrase en Moral, que pertenecería al Obispo de Astorga, por venta de Simón Sánchez, per petido neque per indega neque per fosado neque per alqua fazendaria. En cuanto a la referencia al puente que hallamos en 1173, es, sin duda, un puente sobre el Órbigo, entre el de Carrizo y el propio de Puente de Órbigo.
Por lo que se refiere a la tenencia de Villoria, se localiza en Villoria de Órbigo, entre La Bañeza y Puente de Órbigo; allí se asentarán los premonstratenses. Se encuentra, a finales del siglo XII en manos de Fernando Peláez, y en 1233-1238 el tenente es Pedro Fernández. Los hospitalarios disfrutan la tenencia de Villoria durante poco tiempo, a mediados del siglo XIII, porque ya en 1257 es tenente Rodrigo Froilaz. En relación con ella, señala Barquero que, posteriormente, en 1281, el mismo monarca renunció, a favor de los hospitalarios, a una suma de la martiniega que la monarquía percibía de los vasallos de la encomienda. A Villoria y Villaverde deben unirse, al menos a finales del siglo XIII, Villadecantes y San Martín de Montes, en la zona berciana.
Aunque indefinida en su demarcación, la encomienda de Puente de Órbigo controlaría la mayor parte de las propiedades que la orden tenía en dicha cuenca fluvial, muy abundantes dada las buenas condiciones agrícolas de la ribera, desde San martín de Torres, cauce abajo, y en algunas de las pequeñas vegas de sus afluentes (Tuerto, Jamuz y otros), de donde procedían unas sustanciosas rentas. Una buena parte de los bienes que integraban la encomienda procedía de la donación que Morán Petri y Elvira Arias, como cofrades del Hospital, dieron a la orden; Moran Petri había recibido propiedades abundantes en San Martín del Camino, pero también Veguellina, Pegas, San Feliz de Órbigo y, descendiendo el río hasta San Martín de Torres. De hecho, la notaría hospitalaria de Puente de Órbigo tenía un representante en esta última localidad, al menos en el siglo XIV; Alfonso Falcón, por ejemplo, se dice escriuano escusador juramentado en Torres por Iohan Peres, notario público por la orden de la canallerya del espital de Sant Iohan en la Puente de oruigo.
El comendador que recibía la bailía era normalmente un freire y, desde los años centrales del siglo XIII, nombraba para su administración al menos merino y notario en su encomienda. Era precisamente el merino quien se encargaba del control directo y percibía las rentas, tanto directas como indirectas; su nombramiento parece ser anual, pero es frecuente que se repita el mismo, en distintos periodos; es el caso de don Benito, que fue merino en los años 1251, 1252, 1254 y 1260, con distintos comendadores.
En cuanto a las rentas, los comendadores obtenían aquellas que, por su patrimonio, llegaban de forma directa, pero también otras que, de forma coyuntural, podían repercutir en los hospitalarios por concesiones regias correspondientes a la zona de la bailía. Este es el caso que se recoge en Los Libros de Rentas de Sancho IV, según los cuales, entre 1290 y 1292, los hospitalarios obtenían derechos regios por la permuta de Serpa, Moura y Mourao: de Puente de Órbigo 600 mrs. Y 600 en la honor de Villoria.
Como ya se ha mencionado, la encomiendo disponía de un notario en el lugar, que extendía su actividad por la cuenca del Órbigo, era nombrado por el comendador y firmaba como notario por la orden de San Juan en el Puente de Órbigo.
* * *
Dentro de la encomienda del Puente de Órbigo estaba también el hospital que los hospitalarios tenían al lado del puente, próximo a la iglesia de San Juan. La institución asistencial se conocía como hospital de pobres. Su dirección estaba a cargo, al menos durante algún tiempo, del propio comendador de la bailía. En 1357 era comendador Juan López de Torres, por nombramiento prioral, el citado comendador se haría también cargo del hospital de pobres. La labor asistencial, ejercida con pobres y peregrinos, se llevó a cabo pos los hospitalarios posiblemente desde el mismo momento en que se habían asentado en al zona; el hospital de pobres de Puente de Órbigo se mantuvo activo al menos durante toda la Baja Edad Media.
A cargo de la encomienda estaba también el punte, su mantenimiento. En 1291 Sancho IV manda que para la ponte de Oruego se tome madera de la orden de San Juan, no del monasterio de Carrizo, cuya abadesa, María González, se había querellado por ese hecho. Sin embargo no reciben los hospitalarios el portazgo de San Martín de Torres, que disfrutaba, por concesión de Alfonso IX, la orden del Pereiro, in Palacios de Xamuzo, in Cabazos, in sancta Maria de Alva et in Vanesa, in Valcabado, in Ruperulos, in Villastrigo, in Pozolo, in Laguna de Negriellos, in Sacnta Maria de Paramo, in Ponte de Oruego, in Carrizo, et in Armellada, in Sancta Marina, in Villuela et in Orgatorina et in Villagarcie et in Requejo. El portazgo pasó después a Álvar Núñez Osorio y, ya en el siglo XVI, estaba en manos de los Quiñones, junto con las rentas de la encomienda y el hospital.
Como todas las encomiendas hospitalarias, la de Puente de Órbigo sufrió los conflictos bajomedievales propios de la concentración de bailías y las disputas por su disfrute entre los propios freires, a pesar del férreo control ejercido por los priores castellanoleoneses. A mediados del siglo XIV, el Prior nombró a Juan López de Torres para ocupar la bailía de Puente de Órbigo; su provisión no fue aceptada por Adam Arias, comendador de Limia y Vidayanes, que tenía ocupada Puente de Órbigo. El dicho Juan López hubo de enfrentarse también a Juan González Bogía, comendador de San Martín del Camino, quien no dejó libre Puente de Órbigo hasta la intervención del prior castellanoleonés, Juan Fernández de Heredia. Pasó más de un año hasta que Juan López de Torres se vio libre de usurpadores y obtuvo el control efectivo de su bailía.
2. La Encomienda Hospitalaria y la Casa de Quiñones.
Desde que en 1366 Suero Pérez de Quiñones recibe de Enrique II diversas donaciones y el alto cargo de Adelantado Mayor de León y Asturias, oficio que va a permanecer en el linaje durante toda la etapa medieval, hasta que por ejemplo Pedro Suárez de Quiñones II, hijo de Diego Fernández de Quiñones I, sobrino-nieto del citado Suero y padre a su vez del primer conde de Luna alcance, en 1444, la titularidad de la Casa de Quiñones son casi cien años de constante crecimiento y consolidación del poder de esta familia a la que no debemos incluir, como se ha venido haciendo, entre la nobleza nueva sino insertarla como una más de las viejas estirpes (al estar vinculada probablemente con el viejo tronco de los Álvarez de Asturias) que bien por línea primogénita o, gracias a la habilidad de una rama segundota, superaron con éxito la crisis política que concluyó con la total implantación de los Trastámara en Castilla logrando situarse como nobleza de servicios en puestos relevantes y de enorme prestigio de la nueva dinastía.
Sus amplios dominios se extienden por Asturias y, especialmente, por León ubicándose en toda la zona montañosa septentrional para bajar por la amplia cuenca del río Órbigo y de sus afluentes el Luna y el Omaña hasta las inmediaciones de La Bañeza. En este valle, la familia Quiñones tiene su centro neurálgico en la villa de Benavides, en la que poseen un destacado palacio-residencia familiar, y son señores de un amplio señorío formado por un conjunto de lugares como: Gualtares, Villares, Villoria, Villarejo, Veguellina, Barrientos, Posadilla, Castrillo de San Pelayo, Villamar de la Puente, San Martín del Camino, Villavante, Huerga del Río, Velilla de la Reina, Sardonedo, Turcia, Armellada, La Milla del Río y Quiñones, topónimo del que toman su apellido y primera referencia de sus remotas raíces.
Sus dilatados dominios comprenden otras muchas comarcas leonesas del valle del Torío, el Páramo o la montaña central y oriental leonesa que poseyeron desde estos tiempos bajomedievales. El asfixiante control que ejercen sobre el Órbigo lleva a varios de los titulares de la Casa a enfrentarse con monasterios próximos con bienes situados en medio de los suyos, como el cisterciense de Santa María de Carrizo, y , sobre todo, con la iglesia de Astorga como ha estudiado César Álvarez.
El poderío de la familia se incrementó sustancialmente al sacar excelente provecho de los avatares y vaivenes políticos que protagonizaron al integrarse en alguno de los distintos bandos y facciones nobiliarias existentes en la Corona de Castilla a lo largo de los reinados de Juan II y Enrique IV. Así, Pedro Suárez II que en su primera juventud vivió en la corte de Álvaro de Luna, se alineó poco después con la Liga formada entorno a los Infantes de Aragón recibiendo a cambio importantes bienes y rentas para, más tarde, a partir de 1438, situarse otra vez como feroz adversario del Condestable, precisamente en el momento que fallece su padre y de convertirse por tanto en titular de la Casa de Quiñones.
Su participación en estos hechos le sirvió no sólo para obtener numerosos bienes y cargos del rey sino también para asumir la encomienda de diversos monasterios asturianos y leoneses, que ya en los tiempos de su padre o de su tío-abuelo, Pedro Suárez I, habían estado bajo su protección. Así, podemos observar que en 1437, el abad de Santa María de Arbas, Juan Sánchez de Loranca le reconoce como titular de la encomienda del monasterio de canónigos de San Agustín y de la merindad de la abadía y sus términos y, en enero de 1442, el benedictino de Santa María de Obona se acoge a la poderosa protección del Quiñones.
Poco después, en marzo de 1445, meses antes de producirse la batalla de Olmedo, nefasta en muchos aspectos para el linaje – su hermano Fernando muere en la misma, Pedro cae prisionero en poder del Condestable y el Príncipe de Asturias le despoja de la Merindad Mayor de Asturias – es cuando la Orden de San Juan por medio de su Comendador Pedro de Mudarra le entrega Puente de Órbigo. Una encomienda enclavada precisamente en medio de sus dominios de la Ribera del Órbigo, y que tiene por lugar central, Puente y Hospital, es decir, el mismo escenario en el que su hermano segundo, Suero de Quiñones, había defendido, unos años antes, su famosos Paso Honroso y lugar emblemático de la familia. No nos debe extrañar que frey Pedro Mudarra se ponga bajo el paraguas protector de la Casa de Quiñones pues, tal como expresa el documento concesionario, el Comendador
”acatando las honrras e graçias que yo e los otros comendadores que ante de mí fueron, emos resçebido de vos el honrrado cauallero Pedro de Quiñones e así mesmo de los otros que antes de vos fueron sennores de la Casa de Quiñones, e como siempre aveys defendido los vasallos e bienes de la dicha mi encomienda, por la presente vos fago comendero de la dicha Puente de Oruigo e vasallos e bienes de la dicha mi encomienda“
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Pedro Mudarra se compromete finalmente a ”que non quitaré la dicha encomienda a vos el dicho Pedro de Quiñones por la dar a otro cavallero nin persona alguna“.
El encomendero Quiñones adquiere desde entonces la obligación de vigilar y garantizar la seguridad personal de los vasallos de la Orden de San Juan en el valle del Órbigo garantizándoles tanto su seguridad personal y la de sus bienes y privilegios como la de administrar justicia criminal, deber éste frecuente para los comendatarios en la mayoría de las encomiendas que conocemos.
Por tales obligaciones Pedro Suárez recibiría a cambio de la Orden de San Juan unos derechos pactados en el convenio, que en el caso concreto no se especifican,
”por esta carta – reza el documento – mando a los vesinos e moradores de la dicha Puente, vasallos de la Orden, e a todos los vasallos de la dicha mi encomienda que vos ayan e reciban por su comendero e que vos recudan e vos fagan recudir con todos los derechos que vos perteneçen e deveys aver por rasón de la dicha encomendería e que vos non pongan nin consientan poner en ello embargo nin contrario alguno“
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pero que normalmente consistían en el pago de una determinada cantidad económica que solían satisfacer en dos plazos anuales señalados por fiestas litúrgicas que solían satisfacer en dos plazos anuales señalados por fiestas litúrgicas como San Juan o la Navidad, como documentamos en los monasterios de Santa María de Obona o de Santa María de Arbas realizados en fechas cercanas.
* * *
La encomienda de Puente de Órbigo debió pasar a la muerte de Pedro Suárez de Quiñones a su hermano Suero de Quiñones, señor de Valdejamuz, o, al menos, sabemos con seguridad que tanto un hijo de éste último llamado Diego de Quiñones y Tovar, IIº señor de VAldejamuz y de Ribadesil además de ser Comentador de Destriana, de la Orden de Santiago, como su hijo, Diego de Quiñones III fueron también encomenderos de los vasallos hospitalarios de Puente, según se desprende de la comisión que los Reyes Católicos mandan al bachiller Fernando Pérez de Arana, corregidor de León, para que haga cumplir una cara ejecutoria, sin fecha, en el pleito entre frey Pedro Mudarra, Comentadador de las Encomiendas de Bamba y de Puente de Órbigo y Diego de Quiñones III, sobre los frutos y rentas de ciertos molinos que éste había tomado a la encomienda y en la que había salido condenado el Quiñones.
Las relaciones de los Quiñones con los comendadores de la orden de San Juan es evidente que habían sufrido un fuerte desgaste y que la situación era ya muy distinta en tiempos de los Reyes Católicos pero no se desprende de la sentencia que la encomienda hubiera de volver a los hospitalarios. A comienzos del siglo XVI debió pasar a poder de otra rama segundona de los Quiñones, los conocidos como señores de los Cilleros de don Rodrigo pues en 1516, Antonio de Quiñones, su titular, vende al III conde de Luna el portazgo y las rentas que tenía en Puente de Órbigo y su Hospital, aunque nada se dice de la citada encomienda.
3. A modo de conclusión.
En la feraz vega del Órbigo leonés, en la zona media del valle se asentaron los Hospitalarios desde la primera mitad del siglo XII. La bailía estaba formada por una serie de rentas y bienes en lugares de la comarca que tienen como eje central el río.
Desde el siglo XIII estos territorios pasan a ser gobernados por un Comendador que dirige las honores de Villaverde y Villoria auxiliado al menos por un merino y un notario que se encargan de controlar los ingresos, siempre en aumento, que la Encomienda recibe de particulares y reyes.
La pronta construcción de un hospital de pobres al lado de Puente nos pone en relación con una cierta labor asistencial por parte de la orden de San Juan a favor de los muchos peregrinos que transitan por esta villa y puente sita en pleno camino de Santiago; labor que perdurará durante el resto del periodo medieval.
Con la entronización de la dinastía Trastámara en la Corona de Castilla el Comendador de Puente de Órbigo entrega la encomienda en poder de Pedro Suárez de Quiñones, titular de la Casa de Quiñones, hermano de Suero de Quiñones del Paso Honroso, padre del primer conde de Luna, e integrante por tanto del linaje más poderoso del León medieval. En la segunda mitad del siglo XV la Encomienda pasa a ser desempeñada por los Quiñones de Valdejamuz, descendientes del citado Suero sin que tengamos más datos para conocer en profundidad su historia.
Apéndice documental - 1445, marzo, 18. [Puente de Órbigo]
Frey Pedro Mudarra, comendador de la Puente y Hospital de Órbigo, entrega la encomienda de dichos lugares, perteneciente a la orden de San Juan, a Pedro Suárez de Quiñones.
Archivo Ducal de Frias., Cat. 39, ant., carp.2.
Yo frey Pedro Mudarra, comendador de la Puente de Oruigo, acatando las honrras e gracias que yo e los otoros comendadores que antes de mi fueron, emos resçebido de vos el horrado cauallero Pedro de Quiñones e asi mesmo de los otros que antse de vos fueron sennores de la Casa de Quiñones, e como sienpre aveys defendido los vasallos e bienes de la dicha mi encomienda, por la presente vos fago comendero de la dicha Puente de Oruigo e vasallos e bienes de la dicha mi encomienda, e vos do poder para que vos o quien vuestro poder ouiere, podays tomar e tomeys cada que quisierdes e por bien touierdes la posesion de la dicha comendería que vos yo do. E por esta carta mando a los vesinos e moradores de la dicha Puente, vasallos de la Orden, e a todos los vasallos de la dicha mi encomienda, que vos ayan e reciban por su comendero e que vos recudan e vos fagan recudir con todos los derechos que vos perteneçen e deveys aver por rasón de la dicha encomendería e que vos non pongan nin consientan poner en ello embargo nin contrario alguno. E juro a Dios e a Santa Maria, e a esta señal de cruz + que corporalmente tengo en mi mao derecha, e fago pelito e omenaje una, dos e tres veces en manos de Mosen Mirón, cauallero hijodalgo, que non quitaré la dicha encomienda del a dicha Puente e Hospital e vasallos de la dicha orden a vos el dicho Pedro de Quiñones, por la dar a otro cauallero nin persona alguna.
En testimonio de la qual firmé aqui mi nombre, e rogué al escribano yuso escripto que lo signase de sus signo.
Fecha a dies e ocho dias de março, anno del naçimiento del nuestro señor Ibesu Christo de mill e quatroçientos e quarenta e çinco annos (signo).
Testigos que fueron presentes e vieron firmar aqui su nombre al dicho comendador. Gomes Arias e Lope Roales e Juan Lillo, escuderos del dicho sennor Pedro de Quiñones. E yo Alfonso Gonzáles de Alcalá, escriuano de nuestro sennor el rey, e su notario publico en la su corte e en todos los sus regnos, por ruego e otorgamiento del dicho comendador frey Pedro que en mi presençia e de los dichos testigos, fiso el dicho juramento e pleito e omenaje, fis aqui este mio signo, que es tal (signo) en testimonio de verdat. Alfonso Gonzáles.
Los comendadores de Puente de Órbigo en el siglo XIII.
Fecha
| Comendador
| Merino
| Fuente
| 1199
| Lupus Moniz
|
| CMC, 54
| 1204
| Fernando González
|
| Barquero, 368
| 1208
| Fernando Sanctii
|
| Libro Privilegios, 198
| 1214
| Petrus García
|
| CMC, 92
| 1227
| Arias Fernández
|
| Barquero, 379
| 1240
|
| Pedro Spartin
| CMC, 223
| 1246-1248
| Nuño Pérez
|
| CMC, 239, 248
| 1250
| Gonzalo Pérez Pereira
|
| Libro Privilegios, 313
| 1251
| Gonzalo Pérez
| Don Benito
| CMC, 276, 278
| 1252
| Gonzalo Pérez
| Don Benito
| CMC, 283, 284
| 1253
| Gonzalo Pérez
| Pedro Carro
| CMC, 291
| 1254
| Juan Rodríguez
| Don Benito
| CMC, 301
| 1254
| Pedro Pérez
| Don Benito
| CMC, 304
| 1256
| Alfonso López
| Pedro Pérez
| CMC, 307, 309
| 1260
| Fernan García
| Don Benito
| CMC, 354
| 1272
| Juan Rodríguez
|
| Libro Privilegios, 347
| 1282
| Alfonso Pérez
|
| Barquero, 379
| 1283
| Pay Rodríguez
|
| Barquero, 379
| 1284-1288
| Diego Flórez
|
| Libro Privilegios, 365
| 1284
| Pay Rodríguez
|
| Libro Privilegios, 380
| 1287-1288
| Diego Flórez
|
| Libro Privilegios, 385-386
| 1293
| Vasco Lorenzo
|
| Barquero, 379
| 1296
| Frey Fernando
|
| Barquero, 379
|
César Álvarez Álvarez y Gregoria Cavero Domínguez
|