Nuevos arcos en la margen derecha

Estructuras provisionales en la margen derecha

Reconstrucción del arco VII

Reconstrucción del arco VII

Estado primitivo del puente

Estado primitivo del puente

Socavón de pilas

Socavón de pilas

Recalce de la pila num. 1

Riada de 1947

Recalce de la pila num. 1

Socavación de estribo y muro de ribera



Portada del documento original

Contraportada del documento original



Transcripción realizada del documento oficial de la Jefatura de Obras Públicas sobre la restauración del Puente fechado en 1951. Fotos originales incluídas en el citado documento.

 

    En la provincia de León, a 30 Km. de la Capital, en el camino de Astorga, está situado el Puente sobre el Órbigo, con el cual salvaba este río el antiguo Camino de Santiago de Compostela, por el que acudían a la Basílica del Apóstol peregrinos de toda Europa, y junto al puente, el pueblo de Hospital de Órbigo indica con su nombre la anterior existencia de un alojamiento de peregrinos, que hoy ya no se conserva.

 

    El puente, de traza y construcción irregular, tiene una longitud total de 300 metros y consta de 21 arcos de luz variable entre cinco y quince metros. No es fácil determinar la estructura primitiva, ya que en las excavaciones realizadas con motivo de la obra se han encontrado restos de arcos y pilas anteriores, demolidos, y aunque tal vez se conserve algún vestigio de construcción romana, la parte principal es de origen gótico, entre los siglos XII al XIII, con arcos ojivales y de medio punto, adaptados a la rasante alomada característica de los puentes de esta época.

 

   En la margen izquierda presenta dos arcos de gran luz, de medio punto, de construcción posterior, separados del resto por una pila torre, y en el extremo de la margen derecha, tiene tres arcos, también de medio punto, cuya construcción y aparejo tampoco guarda relación con el primitivo, que terminaba en este punto, donde existe una rampa de descenso al cauce del río. A continuación de estos arcos, había unas pilas aisladas, sobre las que estaba dispuesta una estructura de vigas de madera con piso rudimentario. Se explican estas superposiciones por la falta de estabilidad del cauce de acarreos, que en sucesivas socavaciones hizo necesaria la ampliación de vanos disponibles.

   

    En las inmediaciones de este puente tuvo lugar en 1434 el Paso Honroso de Don Suero de Quiñones, quien contrajo el compromiso de romper trescientas lanzas con los caballeros que quisieran medir sus armas con él, estableciéndose en este sitio por el que las peregrinaciones a Santiago hacían desfilar gentes de las más variadas procedencias. Asistido de otros nueve caballeros que se asociaron a su empresa, solicitó autorización del Rey O. Juan II, el cual, al concederla, envió a su Almirante de Castilla para presidir las justas, siendo mantenida la demanda durante quince días antes y quince días después de la fiesta de Santiago Apóstol, y las crónicas relatan con detalle las incidencias y vicisitudes de las lizas allí entabladas.

   

    Posteriormente, el puente siguió dando paso al Camino Real y después a la carretera, para la que llegó a ser insuficiente e inadecuado, construyéndose otro puente moderno aguas abajo, que es el que utiliza el tráfico actual, quedando el puente primitivo como enlace de los pueblos de Puente de Orbigo y Hospital de Orbigo, situados a ambas márgenes del río y hoy día prácticamente unidos en uno sólo, por lo que el puente, además de sus características históricas y arqueológicas, conserva su función, de vital interés para el tráfico local de ambos pueblos.

   

    La acción del tiempo, las destrucciones debidas a las guerras, las reconstrucciones de fortuna y el despojo de elementos y, en fin, la constante socavación del río, habían llevado esta venerable fábrica a un estado de próxima ruina.    Casi todas las pilas y el estribo izquierdo, con su muro de ribera, presentaban fuertes socavaciones, y como los cimientos descansaban sobre el acarreo por intermedio de emparrillados de madera o sobre otras fábricas derruidas, las avenidas del río agravaban su estado, especialmente junto a la margen izquierda, donde se concentraba la corriente a causa de las defensas de la margen opuesta .

   

    Los tajamares de las pilas faltaban o estaban desguarnecidos en su mayor parte y algunos habían sido reconstruídos con materiales y aparejos eventuales, adulterando su sentido y aspecto original. Algún arco estaba deformado y reconstruido fuera de su primitivo trazado, y otros cubiertos de tierra, apenas se adivinaban. Los pretiles estaban derruidos o carcomidos y el pavimento no existía prácticamente sino como una aglomeración confusa de tierra y piedras, sin rasante ni ordenación alguna.

   

    Habiendo sido declarado Monumento Nacional y colocado bajo la custodia del Estado, se ordenó a la Jefatura de Obras Públicas de León que, en colaboración con el Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, dependiente del Ministerio de Educación Nacional, estudiase y proyectase la reparación del puente, cuyo proyecto quedó ultimado en abril de 1946, siendo aprobado en junio del mismo año por su presupuesto de 1.719.884 ptas. Y ordenada la ejecución de las obras por el sistema de Administración, único aplicable a los delicados trabajos que debían ejecutarse.

   

    Las obras necesarias presentaban tres aspectos esencialmente distintos: en primer lugar, era urgente reforzar y consolidar los cimientos para asegurar la estabilidad de la construcción; precisaba también sustituir las antiestéticas estructuras provisionales de madera en la margen derecha por otras permanentes que, sin desentonar del conjunto, eliminaran los riesgos que amenazaban al tráfico y, por último, había que restablecer, en la medida posible, el aspecto, forma y sentido originales de los alzados.   Las obras comenzaron en el verano de 1946 y han terminado en el de 1951, teniendo que interrumpirse durante los inviernos, en que las avenidas del río y el duro clima impedían el trabajo.

 

   En 1946 se inició la consolidación de cimientos, protegiendo los que aparecían como más peligrosos. El año 1947 no pudieron reanudarse las obras por dificultades de concesión de créditos y de suministro de materiales y en 1948 hubo que limitarse a la construcción de los arcos nuev9s de la margen derecha, también por falta de cemento suficiente. En los años 1949 a 1951 se terminó el resto de la obra, venciendo las dificultades que hasta última hora acompañan a esta clase de trabajos. 

   

   La consolidación de cimientos se ha hecho encerrando aquellos y el acarreo sobre el que descansan, con una pantalla de hormigón que penetra en la arcilla firme, para lo cual ha sido preciso llegar a profundidades de tres a cinco metros bajo el cauce natural, haciéndose la excavación con medios normales de agotamiento.

   

    Los arcos nuevos de la margen derecha se apoyan sobre las pilas ya existentes, previamente consolidadas, siendo preciso construir el estribo, que no existía. Son arcos rebajados, de luces ligeramente desiguales, próximos a 13 metros y su forma venía obligada por la situación de 1as pilas y su rasante. Las bóvedas son de mampostería con boquillas de sillería y tímpanos de canto rodado que enlazan con los de los arcos adyacentes.

   

    En los alzados, los tajamares tuvieron que ser completados o modificados casi todos ellos,. en unos reponiendo su fábrica desaparecida y otros demolidos para restablecer su forma. Aguas arriba de la pila núm 1 se construyó el tajamar que nunca existió y era necesario para evitar, en riadas, el fuerte remolino que contribuía a la socavación. Las torres sobre la pila núm. 4 fueron construídas de nuevo, fundándose en los Indicios que acusaba el paramento, y su aspecto actual confirma la exactitud de la hipótesis.

   

    En la pila 7 existía un aligeramiento que se reparó, abriendo el que estaba tapiado en la pila 6 y otro en la pila 5, cuyos vestigios no aparecían muy claros, pero que asimismo restablece la armonía del conjunto.

 

  El arco VII, que presentaba distorsiones y dislocaciones inadmisibles, fue demolido y reconstruido, .dejando, no obstante, en su planta, testigos suficientes que permiten apreciar las variantes introducidas en diversas épocas. Junto a la rampa de descenso al río se han descubierto los arcos XII y XIII, el primero parcialmente oculto y el segundo cuya existencia se suponía. Hubo que demoler un muro de hormigón adosado al paramento de aguas abajo y al hacerlo quedó de manifiesto una serie de hiladas de piedra que, siguiendo la rasante de tos arcos, indican cómo el puente terminó alguna vez en este punto. 

   

   Se reconstruyeron los pretiles y paramentos derruidos, restableciendo la rasante del puente y se repuso el pavimento, constituido por canto rodado sobre cimiento de hormigón, con cadena central de piedra de cantera, que reproduce el aspecto de un trozo del pavimento primitivo que se encontró al excavar y cuyo sistema, conservando las características externas adecuadas al conjunto y al tráfico que soporta, presenta garantía absoluta de duración.

   

    Por último, en las coronaciones de las torres sobre la pila núm. 4 se han colocado dos. hitos de piedra arenisca con la forma y dimensiones de las formas miliarias, en los cuales van grabadas inscripciones alusivas al hecho histórico que tuvo lugar en el Puente ya las obras de restauración que acabamos de describir. 

   

   Tratándose de un caso típico de colaboración entre dos técnicas afines, se encomendó esta misión al Ingeniero de Caminos, afecto a la Jefatura de Obras Públicas, Don Francisco Rodero Rodero, y al Arquitecto Conservador de Monumentos, Don Luis Menéndez Pidal, los que han llevado a cabo su trabajo en absoluta compenetración, consiguiendo así la unidad de criterio indispensable para ultimar con éxito la prolija labor realizada, en la cual han sido eficazmente secundados por el Ayudante de Obras Públicas y Aparejador, Don Fernando Mijares Blanco, y un equipo obrero de selección, confirmando el acierto de esta organización el resultado obtenido, cuyo mejor exponente consiste en quedar casi inadvertida la obra ejecutada.

 

 

León, Agosto de 1951.